Todo se soporta en esta vida menos una sucesión de buenos días

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Viernes 30 de septiembre, a las 20 hs, es la cita para asistir al conversatorio sobre Psicoanálisis y Modernidad, con comentarios sobre  un diálogo epistolar entre Zygmunt Bauman y Gustavo Dessal. El mismo se llevará a cabo en el Ateneo Paraguayo, sito en Ntra. Sra. de la Asunción 832 c/ Humaitá.

Genaro Riera Hunter, Pablo Chávez -ambos psicoanalistas- y Guillermo Rojas –teólogo pastoralista – comentarán el texto “Libertad y seguridad: un caso de Hassliebe” de Zygmut Bauman, texto que se debe, entre otros,  a la correspondencia electrónica entre éste último y el psicoanalista Gustavo Dessal.

En “Libertad y seguridad” Bauman  sostiene que “la mayor parte del tiempo sufrimos, y todo el tiempo nos acosa el temor al posible sufrimiento ocasionado por las permanentes amenazas que sobrevuelan nuestro bienestar”. “Hay tres causas de las que tememos que descienda el sufrimiento: la supremacía de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo—de manera más precisa, dado que creemos mucho más en la posibilidad de reformar y mejorar las relaciones humanas que en la de sojuzgar a la naturaleza y poner fin a las flaquezas del cuerpo humano— «la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos» entre los seres humanos «en la familia, el Estado y la sociedad”, sigue diciendo.

Así, “puesto que el sufrimiento o el horror al sufrimiento son una compañía permanente en la vida, a nadie debe asombrar que el «proceso de la civilización» se enfoque en localizar y obturar esas tres fuentes de la infelicidad humana”, sostiene.

Recordemos que “Libertad y seguridad: un caso de Hassliebe” es una conferencia magistral realizada dentro del ciclo “In me, the paradox of liberty”, realizada el 3 de mayo del 2013 en la ciudad de Amstedam.  El texto explora los límites del proyecto de la modernidad en hacer frente al sufrimiento, citando explícitamente para ello a Sigmund Freud, y caracterizando a la relación de la civilización con sus ideales, como un caso de Hassliebe, es decir, una relación de amor-odio.

 

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Sujeto, cultura e instituciones: una aproximación desde el psicoanálisis y las ciencias sociales

agapePRESENTA

REVISTA SOBRE PSICOANÁLISIS Y CIVILIZACIÓN

La denuncia del malestar en una sociedad de la “certeza incierta” 

tapatatarendyEl próximo viernes 25 de julio, se presentará el Número 5 de la Revista Tatarendy, sobre “Sujeto, cultura e instituciones: una aproximación desde el psicoanálisis y las ciencias sociales”. La misma tendrá lugar, a las 20 horas, en el Ateneo Paraguayo, sito en Nuestra Señora de la Asunción esq. Humaitá.

José Manuel Silvero Arévalos, conocido filósofo y profesor de Lengua y Cultura Guaraní tendrá a su cargo la presentación de la revista.

Los artículos y ensayos buscan dar cuenta de la relación entre el psicoanálisis y la civilización, la denuncia del malestar en una sociedad donde hay pocas esperanzas de que los sufrimientos que nos produce la incertidumbre actual sean aliviados. Y como Alicia, en el país de las maravillas, preguntarnos ¿cómo saber si éste o aquel camino es el que queremos seguir? ¿Es el mismo o es diferente al que seguíamos?

Los textos de Tatarendy reflexionan desde una perspectiva de las ciencias sociales, las ciencias políticas y la psicología de las masas y abordan –en este número- lo singular de la iglesia como actor político y como sujeto de poder en el artículo “En el nombre del Padre: Contrapuntos para una interpretación de la historia reciente de la Iglesia en Paraguay”.

Igualmente,  en “La infancia conminada: un porvenir posible”, el autor reflexiona sobre la violencia hacia el niño y la amenaza que se cierne sobre la niñez. Asimismo, en “La Violencia en contextos laborales: un abordaje crítico desde la ética de la responsabilidad”, nos presentan la problemática de la violencia laboral.

Se plantea también la problemática del homicidio en “¿A quién mata el asesino?, artículo donde el autor plantea que el homicidio -en tanto hecho social- interpela a la sociedad a interrogarse seriamente sobre el origen de la conducta criminal.

En “El Humor: del psicoanálisis a la interpretación desde la pragmática” se explora el significado del humor, haciendo un recuento del análisis al mismo, que se ha hecho desde el psicoanálisis para luego ir al análisis pragmático y semántico. Una de las preguntas que se trata de responder es el porqué encontramos a las bromas placenteras.

La intención de los artículos y ensayos de la Revista Tatarendy es el ir a la búsqueda de lo singular, puesto que lo sólido se desvanece en el aire.

Datos de Contacto: 0981 30 15 45 | agapepsicoanalíticoparaguayo@gmail.com

 

El valor de la vida

freudEsta entrevista fue concedida al periodista George Sylvester Viereck en 1926 en la casa de Sigmund Freud en los Alpes suizos. Se creía perdida pero en realidad se encontró que había sido publicada en el volumen de “Psychoanalysis and the Fut”, en New York en 1957. Fue traducida del ingles al portugués por Paulo César Souza y al castellano por Miguel Angel Arce

S. Freud: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.

Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue su casa de verano en Semmering, una montaña de los Alpes austríacos.

Yo había visto el padre del psicoanalisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él.

S. Freud: Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornándonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.

Freud se rehúsa a admitir que el destino le reserva algo especial).

S. Freud: ¿Por qué (dice calmamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me rebelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

George Sylvester Viereck: El señor tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por causa de este señor. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.

S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mí o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.

George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?

S. Freud: Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra prácticamente liquidó mis posesiones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.

(Estábamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía)

S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer después de estar muerto.
George Sylvester Viereck: ¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?

S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.

George Sylvester Viereck: ¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?

S. Freud: No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre constituir una excepción?

George Sylvester Viereck: ¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?

S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.

George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si así lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.

S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, conciente o inconcientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: “Más allá del principio del placer” En el comienzo del psicoanálisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la “fiebre llamada vivir”. El deseo puede ser encubierto por disgresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.

George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría lógicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.

S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte pero, en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.
(Estaba haciendo frío en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafía clara de Freud).

George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?

S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla.

George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?

S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.

George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?

S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista como usted puede ver…. (En ese momento apareció Miss Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años de facciones inconfundiblemente anglosajonas)
George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?

S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.
George Sylvester Viereck: Mi impresión es de que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. “Tout comprendre c’est tou pardonner”.

S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiendo la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento. (Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, porque él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).

S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura, mi realización es alemana. Yo me considero un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del preconcepto anti-semita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío. (Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. En tanto no precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)

George Sylvester Viereck: Me pone contento, Herr Profesor, de que también el señor tenga sus complejos, de que también el señor Freud demuestre que es un mortal!

S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.

George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!

S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida la “caza de los leones”. Usted procuró siempre a las personas destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, Georg Bernard Shaw….

George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.

S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre. (Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mi, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él)

George Sylvester Viereck: Me gustaría, observé después de un momento, poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre psicoanálisis, frecuentemente anticiparía o intentaría anticipar sus intenciones.

S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.
(En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión)

George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.

S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.

George Sylvester Viereck: ¿Por qué?

S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más desagradables que las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente), nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconcientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.

George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.

S. Freud: (sonriendo) Me contenta saber que no pueda leer. ¡El sería ciertamente, el miembro menos querido de la casa, si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!

George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. En tanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.

S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconciente.
George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue mas compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.

S. Freud: El psicoanálisis por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.

George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.

S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.

George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos -la teoría del “desplazamiento”, de la “sexualidad infantil”, de los “simbolismos de los sueños”, etc- parecen permanentes.

S. Freud: Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.

George Sylvester Viereck: ¿Usted siempre pone el énfasis sobre todo en el sexo?

S. Freud: Respondo con las palabras de su propio poeta, Walt Whitman: “Más todo faltaría si faltase el sexo” (Yet all were lacking, if sex were lacking). Mientras tanto, ya le expliqué que ahora pongo el énfasis casi igual en aquello que está “más allá” del placer -la muerte, la negociación de la vida. Este deseo explica por qué algunos hombres aman al dolor -como un paso para el aniquilamiento!

Explica por qué los poetas agradecen a:
Whatever gods there be,
That no life lives forever
And even the weariest river
Wind somewhere safe to sea.
“Cualesquiera dioses que existan
Que la vida ninguna viva para siempre
Que los muertos jamás se levanten
Y también el río más cansado
Desagüe tranquilo en el mar”

George Sylvester Viereck: Shaw, como usted, no desea vivir para siempre, pero a diferencia de usted, él considera al sexo carente de interés.

S. Freud: (Sonriendo) Shaw no comprende al sexo. El no tiene ni la más remota concepción del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus piezas. El hace humoradas del amor de Julio César -tal vez la mayor pasión de la historia. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, él despoja a Cleopatra de toda grandeza, relegándola a una simple e insignificante muchacha. La razón para la extraña actitud de Shaw frente al amor, por su negación del móvil de todas las cosas humanas, que emanan de sus piezas el clamor universal, a pesar de su enorme alcance intelectual, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el rasgo ascético de su temperamento. Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa procura su propia importancia. Si usted raspa a un ruso, dice el proverbio, aparece el tártaro sobre la piel. Analice cualquier emoción humana, no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, y usted encontrará ese impulso primordial al cual la propia vida debe su perpetuidad.

George Sylvester Viereck: Usted, sin duda, fue bien seguido al transmitir ese punto de vista a los escritores modernos. El psicoanálisis dio nuevas intensidades a la literatura.

S. Freud: También recibí mucho de la literatura y la filosofía. Nietzche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente ver hasta qué punto su intuición preanuncia las novedades descubiertas. Ninguno se percató más profundamente de los motivos duales de la conducta humana y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente que él. El Zaratustra dice: “El dolor grita: ¡Va! Pero el placer quiere eternidad Pura, profundamente eternidad”. El psicoanálisis puede ser menos discutido en Austria y en Alemania que en los Estados Unidos, su influencia en la literatura es inmensa por lo tanto. Thomas Mann y Hugo Von Hofmannsthak mucho nos deben a nosotros. Schnitzler recorre un sendero que es, en gran medida, paralela a mi propio desarrollo. El expresa poéticamente lo que yo intento comunicar científicamente. Pero el Dr. Schnitzle no es ni siquiera un poeta, es también un científico.

George Sylvester Viereck: Usted no sólo es un científico, también es un poeta. La literatura americana está impregnada de psicoanálisis. Hupert Hughes, Harvrey O’Higgins y otros, son sus intérpretes. Es casi imposible abrir una nueva novela sin encontrar alguna referencia al psicoanálisis. Entre los dramaturgos Eugene O’Neill y Sydney Howard tienen una gran deuda con usted. “The Silver Cord” por ejemplo, es simplemente una dramatización del complejo de Edipo.

S. Freud: Yo sé y entiendo el cumplido que hay en esa afirmación. Pero, tengo cierta desconfianza de mi popularidad en los Estados Unidos. El interés americano por el psicoanálisis no se profundiza. La popularización lo lleva a la aceptación sin que se lo estudie seriamente. Las personas apenas repiten las frases que aprenden en el teatro o en las revistas. Creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot. Yo prefiero la ocupación intensa con el psicoanálisis, tal como ocurre en los centros europeos, aunque Estados Unidos fue el primer país en reconocerme oficialmente. La Clark University me concedió un diploma honorario cuando yo siempre fui ignorado en Europa. Mientras tanto, Estados Unidos hace pocas contribuciones originales al psicoanálisis. Los americanos son jugadores inteligentes, raramente pensadores creativos. Los médicos en los Estados Unidos, y ocasionalmente también en Europa, tratan de monopolizar para sí al psicoanálisis. Pero sería un peligro para el psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos, pues una formación estrictamente médica es con frecuencia, un impedimento para el psicoanálisis. Es siempre un impedimento cuando ciertas concepciones científicas tradicionales están arraigadas en el cerebro.

¡Freud tiene que decir la verdad a cualquier precio! El no puede obligarse a sí mismo a agradar a Estados Unidos donde están la mayoría de sus seguidores. A pesar de su rudeza, Freud es la urbanidad en persona. El oye pacientemente cada intervención, procurando nunca intimidar al entrevistador. Raro es el visitante que se aleja de su presencia sin un presente, alguna señal de hospitalidad!
Había oscurecido. Era tiempo de tomar el tren de vuelta a la ciudad que una vez cobijara el esplendor imperial de los Habsburgos. Acompañado de su esposa y de su hija, Freud desciende los escalones que lo alejan de su refugio en la montaña a la calle para verme partir. El me pareció cansado y triste al darme el adiós.

“No me haga parecer un pesimista -dice Freud después de un apretón de manos. Yo no tengo desprecio por el mundo.
Expresar desdén por el mundo es apenas otra forma de cortejarlo, de ganar audiencia y aplauso.
¡No, yo no soy un pesimista, en tanto tenga a mis hijos,
mi mujer y mis flores!
No soy infelíz, al menos no más infelíz que otros”.

El silbato de mi tren sonó en la noche. El automóvil me conducía rápidamente para la estación. Apenas logro ver ligeramente curvado y la cabeza grisácea de Sigmund Freud que desaparecen en la distancia….

George Sylvester Viereck
periodista del “Journal of Psichology”
año 1926 publicada en N.York en 1957

Comentario en torno la novela Asunción bajo toque de siesta de Hermes Giménez

Por José Caballero.

Quiero comentarles que, en principio, tenía otra idea acerca de cómo abordar estos comentarios. La intención original apuntaba más hacia una confrontación de algunos textos de Freud acerca de la creación literaria con la novela que esta noche nos convoca…Pero sucede que uno como lector se dispone a…y al final la obra nos propone su juego y establece algunas de sus reglas para conversar con ella.
Entonces, finalmente terminé cediendo a ciertas preguntas que me iban naciendo conforme avanzaba en la lectura de la novela, y son esas preguntas con algunos intentos de respuestas provisorias las que compartiré esta noche con ustedes.
Una de las cuestiones que me llamó la atención es el enfoque elegido por la narración: es la voz de la protagonista la que nos lleva por el recorrido propuesto por la novela. Y pese a que el marco temporal en que se despliega la narración corresponde a la dictadura stronista, este marco, a excepción de las páginas intensas dedicadas a las vejaciones soportadas por la protagonista en el Departamento de Investigaciones, resulta absorbido por el mayor volumen que la narración otorga a los esfuerzos de la protagonista por encontrar su lugar en los espacios ocupados por los compañeros de la oposición.
Entonces, tenemos dos cuestiones aquí: la voz de la mujer-protagonista encargada de la narración y los espacios (y relaciones) ocupados por exponentes de la oposición al régimen stronista.
Aquí es donde hice una relación con un texto de la psicoanalista Janine Puget a propósito de los efectos de la dictadura en el tejido social. Ella señalaba que “la violencia se opone a la defensa de la vida e instaura una ley según la cual el matar es permitido. El matar (y esto me parece crucial para adentrarnos en la novela) se refiere ya no sólo a espacios sociales que quedan como zonas muertas o desvitalizadas a manera de bolsas tóxicas” . A continuación agregaba: “Uno de los efectos de la violencia social es el quiebre de lazos solidarios de los grupos de pertenencia y referencia, lo que puede suceder en contextos que ejercen la violencia de maneras más sutiles”.
Precisamente, nuestra protagonista, no sólo experimenta la violencia del régimen en las sesiones de tortura sino que se encuentra con el hecho de que en su grupo de pertenencia y referencia ideológica son igualmente “hijos de puta” con ella, conforme a la expresión de Raúl, su pareja.
En esto la novela también participa de un rasgo de la novela de exilio que se comentara aquí en un anterior encuentro convocado por nuestro Ágape Cultural Psicoanalítico: los espacios que sofocan, la situación de encierro en que viven los protagonistas. Sólo que en esta obra, nuestra protagonista enfrenta el encierro y el sofocamiento particularmente con los compañeros de la oposición.
Ante esto ella va a exclamar: “No me quiero calmar. Quiero reventar, explotar como una bomba. Quiero convertirme en una bomba de gusanos que explote sobre Asunción. Una bomba de gusanos pensantes. Imaginate el efecto que causará en Asunción una bomba de gusanos pensantes. Va a causar más daño que una bomba atómica. No. Ni se darán cuenta si están todos bajo toque de siesta. Tienen prohibido salir del coma hasta nuevo aviso”.
Fijémonos en el detalle de su expresión: la narradora no se refiere a una parte de un conjunto. No dice, por ejemplo, a los personeros del régimen…o quienes la torturaron sino que dice: “están todos bajo toque de siesta”. Y esto creo que podemos entenderlo desde la propuesta de bolsas tóxicas producidas por un régimen de violencia. Es toda la trama social la que queda impactada y entonces todos los espacios posibles de conformación de vínculos llevan la marca del encierro y el sofocamiento. Recuerdo, a propósito, que en otro lugar el escritor Carlos Villagra Marsal describía al país mediante la expresión: “pozo cultural”.
Asocié igualmente esto con las conclusiones que Eric Courthés planteara en un estudio titulado: La ínsula paraguaya. Este investigador francés que estuvo un tiempo en nuestro país, analizó el significado cultural y político de esta “isla” llamada Paraguay y logró identificar varios niveles de aislamiento que nos habitan. Y estos encierros podían ser no sólo geográficos o políticos sino mentales y en sus difusos límites se tornaba difícil producir vínculos de afecto, de reconocimiento del otro.
Precisamente nuestra protagonista vive, en este sentido, experiencias definidas por el desencuentro en el nivel intersubjetivo. Hasta su embarazo llevará la marca de un vinculo perverso como lo es la experiencia con su torturador. A propósito, Eric Courthés, señala en su estudio que la isla es metonimia de la mujer y que más tarde se vuelve imagen del paraíso en tanto idea de refugio.
Y uno tiene aquí la tentación de preguntarse: ¿es por esta razón que la elección vino por el lado de optar por la voz de la mujer-protagonista para narrarnos esta historia? ¿Es nuestra protagonista metonimia de este país que vive bajo toque de siesta y por eso nos habla? ¿Esta mujer-isla que es aislada no sólo por el régimen sino por sus propios compañeros, es la imagen de una sociedad trabajada por la violencia de un régimen?
Y de la isla se quiere salir. Muchos viven planeando escaparse en algún momento. La novel se inicia, a propósito en estos términos: “Salir de este vecindario lo antes posible es mi consigna”.
Los amores que intentará construir/vivir nuestra narradora son esfuerzos por salirse de la isla…o buscar que las islas-hombres se abran, se vinculen…pero no siempre esto ocurre. Así como la manosean, la torturan, la violan en Identificaciones, también los viejos del partido la miran con lujuria y uno de ellos también la manosea. Otro compañero la traiciona y la deja sola en una Asamblea del partido. Solo encuentra refugio en otra mujer: su madre.
Esto la narradora la va a reiterar en diferentes momentos: al principio del capítulo II, dice: “Despertar en casa de mamá es un acontecimiento reconfortante”. Y al comienzo del capítulo final, también: “Despertar en casa de mamá es un acontecimiento reconfortante”. El detalle de posibilidad diferente emerge en este capítulo: la escena acoge no sólo a la madre sino a su esposo Raúl y a Nati, la hija fruto de la experiencia de violación en Identificaciones pero acogida al principio por Raúl desde la posición de padre y, posteriormente, por nuestra protagonista en tanto madre. La novela se cierra cuando el grupo familiar se dirige al comedor.
¿Qué podemos escuchar desde esta escena final a propósito de las posibilidades de reconstruir y/o instalar vínculos de reconocimiento en sociedades golpeadas por la violencia?
¿Qué las cosas deberíamos empezarlas por casa? El espacio intersubjetivo conformado por el grupo familiar fue uno de los espacios golpeados por la violencia ejercida por el Estado y es precisamente allí donde nuestra protagonista encontrará una acogida a su búsqueda.
En este sentido, es interesante que el nacimiento de la posición de madre se dinamiza desde el discurso de Raúl en tanto padre. A nuestra protagonista le costaba asumir a Nati como hija porque sus facciones le recordaban a su torturador/violador, pero Raúl dice: “Vos creés que no sabía que no era yo el padre de Nita. Claro que lo sabía. Siempre supe que no era yo. Pero en ese momento qué importancia tenía. Yo te amaba. Acababas de salir del infierno y no podías hablar de lo que tanto te dolía. Ibas a tener un hijo. Y aunque no fuera el padre, amaba a esa criatura porque era tuya. Aunque vos no quisieras tener el bebé. Y aunque pensaras que la odiabas. Era un bebé y era tuyo”.
Y uno se encuentra tentado a retomar en este punto las consideraciones de Lacan a propósito de la pregunta: ¿qué es un padre?, ¿qué es una madre? Pero aquí estamos, en principio, en otra propuesta donde estas cuestiones no las podemos plantear al margen de la experiencia de la violencia ejercida por el Estado, violencia que alteró todos los espacios de reconocimiento que precisan ser pensados todos de nuevo.
¿Asunción bajo toque de siesta nos convoca a asumir este desafío? Los recorridos narrados por la protagonista me parecen apuntar a invitarnos a enfrentarnos a la pregunta. Ella, nuestra narradora, no encuentra reconocimientos, acogidas en los espacios donde uno espera que deberían estar en las condiciones planteadas. ¿Acaso la oposición no se define por el rechazo a ese Estado violador? La novela de Hermes Giménez, como dicen los abogados, introduce una duda razonable a dicho planteo y lo ubica en el plano de la creencia, creencia que se desmonta, conforme transcurre la tragedia de nuestra protagonista.
¿Qué significa, entonces, asumir aquello que nos pasó? ¿Reconocer que la crueldad no es patrimonio del régimen sino de la condición humana? Por allí, la posibilidad de resignificarnos, encuentra alternativas en el hecho de que las cosas habrá que comenzarlas por casa, camino al comedor, ese espacio donde se despliega el antiguo ritual que sublimó la tendencia a devorarnos por la experiencia del alimento compartido.
¿Es este el aprendizaje que nos propone Asunción bajo toque de siesta?

Reseña del libro Enrique Pichon Riviere

Por Mercedes Argaña.

Reseña del libro Enrique Pichon Riviere el hombre que se convirtió en mito

¿Qué es una biografía? Se pregunta Mónica López, y se responde, sería “un relato que persigue dos objetivos opuestos y que parecen ir por caminos separados. Por un lado, ordenar el discurrir de una vida en fechas y hechos significativos reduciéndola a un esquema comprensible. Por otro, perseguir anhelosamente el caos que late tras esos hechos para recobrar algo – lo más posible-de la figura vital y, por lo tanto, intensa y renuente al orden del personaje biográfico. El éxito improbable de esta tarea es lo que lleva a aceptar el desafío de emprenderla”(pág.9). Tal como señala Miller (2011)3 escribir una vida (refiriéndose al género literario desarrollado en la antigüedad para describir a personas ilustres) más que contar acontecimientos en su contexto y lugar cronológico, es el registro de una ética.

Sostener una militancia. Transformar el dolor en activismo generador de cambio.

Comentarios a la entrevista con Maguiorina Balbuena, del texto Algunas mujeres…de nuestro tiempo, de Maricruz Méndez Vall

Por Ana María Añazco.

En esta entrevista vemos una historia de vida que reseña cómo se ha formado una líder, una militante de la lucha por los derechos del pueblo, especialmente de las comunidades campesinas. Magui Balbuena, una mujer que optó por la lucha por la igualdad, por la reivindicación de valores de justicia social.

Vemos cómo se han gestado las primeras identificaciones que fueron modelando un liderazgo, un reconocerse en el Otro semejante, entrañada en un entorno social limitado por la pobreza, postergado, sin posibilidades de cambio.

Una vida familiar enmarcada en un activismo comunitario de orientación religiosa, marcada por principios de solidaridad, da pie a unos primeros núcleos comunitarios que sirven de matriz para un mirar distinto a una realidad social cruda: una mirada que devuelve pobreza, imposibilidad de progreso y educación, migración, desarraigo.

La identificación con el Otro surge de ese poder verse en el semejante, empatizar, reconocerse en la necesidad del que se encuentra inmerso en la misma realidad. Es la identificación que permite la creación de lazos. Dice Magui: “porque yo no entendía, no podía entender tanta pobreza, con todo el trabajo que desarrollaban mis padres y toda la familia, y sin embargo, éramos tan pobres… ahí entendí,…entendí el porqué de la pobreza”.

La falta aparece como movilizadora de un querer convertirse en un agente de cambio, un agente transformador. Este camino, el de la participación en organizaciones campesinas, es transitado no sin dificultades, se van produciendo pérdidas de vínculos, renuncias, exilio, desarraigo, con el impacto que todo eso genera: zozobra, impotencia, temor, heridas profundas en las familias, camino que no es posible sostener sin vacilaciones, sin dolor.

Sus palabras: “Con la huida se pierden tantas cosas. Se pierde la comunidad, los hijos. Escuchás: -le asesinaron a Fulano, piden un millón por la cabeza de Fulano, los comunistas son arrasados, exterminados. Se vive en estado de zozobra, impotencia, te quedás pasmada, herida profundamente”.

Expresa Magui “Ahí tenés que decidir tu posición, tu compromiso con la lucha y ese profundo amor a la humanidad, a la gente, a la organización, de seguir o no en la lucha. Para los militantes hay muchos momentos en los que tienen que pensar dos veces”. (…no se puede ser líder en uno o dos años)

La decisión es planteada no como un acontecimiento anecdótico sino como la resultante de un posicionamiento subjetivo ante esa falta, un posicionamiento profundamente humano y comprometido ante la constatación de una realidad que no puede ser desoída: el cambio no proviene de afuera sino de uno mismo. (Al modo del pase psicoanalítico, que supone un antes y un después)

Las dificultades para sostener la militancia son especialmente duras en el caso del ser mujer;  la represión adquiere múltiples formas, cuando no brutales y crueles, los rostros de la represión pueden aparecer más insidiosos, mimetizados bajo la forma de manipulación, de acoso, o de presión, a veces hasta proveniente del mismo entorno cercano. Son también las mujeres quienes reciben el despojo más terrible de la represión: pérdidas humanas, familias desmembradas, quedando al frente de la crianza y sostén económico de los hijos.

En este sentido, recordamos la idea lacaniana de la falta en la sexuación femenina, no como atributo adscripto a la naturaleza misma del ser mujer sino al orden de un posicionamiento diferente, respecto de la completud fálica.

La sexuación femenina como condición que trasciende la constitución biológica o la dimensión de género, alude más bien a una ubicación del sujeto respecto de la lógica de referencia fálica, de completud, de omnipotencia, autosuficiencia. La posición femenina se orienta hacia una posición del no-todo, una posición no uniformizante de los modos de goce, del hacer cada uno la resolución de sus satisfacciones.

De ahí que la mujer tiene la posibilidad de llevarse mejor con la falta, de administrarla mejor en el sentido de trascender, convertir ese no-todo en un motor que mueve a encontrar el camino de la invención, de crear modos singulares de satisfacción, que sirvan no sólo en lo personal, sino también en la creación de dispositivos de construcción social.

El transmutar la realidad trágica y dolorosa surge como posible. Es posible crear algo diferente con la impotencia y el dolor, y darle una salida que tiene que ver con lo creativo, con el trabajo.

A este mecanismo lo llamamos sublimación y cada quien lo pone en juego a su manera. La sublimación permite especialmente el cumplimiento de las mayores obras culturales.

Es responsabilidad de cada uno hacer algo con la falta, con lo adverso o lo oprobioso; algunos pueden quedar en el padecimiento o negar una realidad, pero otros pueden también asumirla, experimentar el dolor y asumir el desafío de hacer algo diferente y transformador: crear conciencia, construir organizaciones, sostener la militancia.

La sublimación que ha postulado Freud como una de las salidas o resoluciones de la pulsión, desde luego no ha prometido una felicidad completa, redonda, sin agujeros o sin tropiezos, el camino de la construcción social en este caso, es reinventarse a cada paso, crear algo nuevo que sorprende y reemprender la marcha.